Hace ya cuarenta años de la matanza de estudiantes en el D.F conocida como “Jueves de Corpus” (10 de junio de 1971). Como algunos sabrán, esta matanza se dio durante una marcha solidaria con los estudiantes de Monterrey, más específicamente, con los estudiantes de la recién UANL. El grupo paramilitar “Halcones” fue el encargado de matanza. Los culpables de este acontecimiento nunca fueron juzgados (Luis Echeverría, Alfonso Martínez Domínguez), quedando así impunes de toda responsabilidad.
Los estudiantes de Nuevo León exigían, entre otras cosas, la elección libre del rector de la universidad y de los directores de las facultades y preparatorias, la entrada automática a las preparatorias y facultades de esta, entre otras cosas. Estas propuestas básicas para hacer de la institución completamente pública y autónoma han sido violadas e ignoradas por la universidad desde su creación.
No es ningún secreto que para entrar a la UANL se tiene que presentar un examen de admisión, y tampoco es ningún secreto que la democracia dentro de la institución no es más que una vil mentira. El examen de admisión siempre ha sido un tema de controversia, pero aunque muchos apelan a que las diferentes escuelas no pueden cubrir una cantidad de estudiantes tan grande como se desearía, no hay razón para que el precio de este sea tan elevado. Un examen de admisión oscila entre los $1000 y $2000 pesos, dichos precios hacen de este examen inaccesible para muchos hijos de obreros haciendo que crezca la población de los llamados “ninis” que es un fenómeno que el gobierno no ha podido controlar.
Por otra parte es obvio para la mayoría de los alumnos y los docentes de la universidad que ni en las elecciones de rector, ni en las de directores, hay una completa democracia. En el caso del rector se puede ver claramente las conexiones totales con el gobierno (no es ninguna coincidencia que el antiguo rector, José Gonzalez Treviño, sea secretario de educación en Nuevo León) y en el caso de los directores muchas veces el voto de los estudiantes es simplemente ignorado y estúpido, ya que solo se cuenta con un candidato impuesto por el rector, amenazando a profesores a no postularse para el puesto.
Ya basta que después de 40 años sigamos soportando estas y muchas otras injusticias, el alumnado, el docente y los trabajadores de Nuevo León tienen que tomar cartas en el asunto y demandar lo que es justo, y no es justo que la muerte de cientos de estudiantes sea en vano incluso 40 años después de esos tristes acontecimientos.
Hermanos, ya es hora de gritar “¡Educación, no negocio!”
Ahuizote Tamez
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